La siguiente planta de la que vamos a hablar es el Diente de león (Taraxacum officinale). Muy reconocible por la posición de sus semillas voladoras en forma de esfera, que se vuelan con facilidad al soplarlas o con el vaivén del viento. El diente de león es una planta perenne que tiende a crecer junto a los caminos y en pastos secos. Es considerada una mala hierba.
El diente de león presenta hojas en la base, formando una roseta. Suelen ser dentadas, lanceoladas y con lóbulos triangulares, pero pueden variar. Los tallos, que no tienen hojas, pueden llegar a medir 40 cm de altura. Su flor es de color amarillo con muchos pequeños pétalos, muy fácilmente identificables. Florece en primavera hasta finales del verano.
Tras la polinización, aparece el fruto, lo más característico de esta planta. Consiste en un conjunto de aquenos, que son "frutos secos" que contienen cada uno una única semilla y, en este caso, un penacho. Estos últimos son los responsables de la forma esférica del conjunto y los que permiten la dispersión de las semillas.
El diente de león, además de ser una planta bastante curiosa, presenta algunas propiedades beneficiosas, pues es una planta depurativa, que permite al organismo limpiar las toxinas mediante la estimulación de los riñones y el hígado. También ayuda a combatir la anemia y el estreñimiento; sus hojas son una buena fuente de hierro.
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